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Tecnología

Cuáles fueron las carreras que estudiaron Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg

Contar con un título universitario no fue lo que los hizo llegar a ser grandes empresarios de Silicon Valley.

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Jeff Bezos Bill Gates

Escoger qué carrera universitaria estudiar es una de las decisiones más complejas para muchas personas, ya que se necesita considerar los intereses personales y los talentos propios, pero a la vez el mercado laboral.

La sociedad también tiende a darle demasiada importancia al hecho de contar un título, considerando que entre más estudios se tengan, mayores oportunidades laborales se accederá. Sin embargo, otras capacidades propias de las personalidad de las personas resultan muy útiles a la hora de abrirse paso en la vida, lo que se conoce como habilidades blandas, algo que, al parecer, muchos de los CEO de tecnológicas tienen bastante desarrollado.

Comenzando por Mark Zuckerberg, considerado uno de los CEO más jóvenes de la industria tecnológica, ingresó a la universidad de Harvard a estudiar ciencias de la computación. Sin embargo como muchos otros emprendedores, no terminó sus estudios y de hecho su paso por esta universidad fue muy breve.

En todo caso, el creador de Facebook y actual director de Meta, desde muy temprana edad identificó su interés por la informática y con 12 años desarrolló su primera plataforma de mensajería.

Bill Gates vivió una experiencia similar, a la edad de 13 años había aprendido a programar de manera autodidacta y dos años más tarde ya había comenzado algunos pequeños proyectos de computación con su mejor amigo, Paul Allen. Terminando el colegio, comenzó a estudiar derecho en Harvard pero a los dos años abandonó la universidad cuando ya tenía fundada su empresa Microsoft que aún no era muy conocida.

El creador de Amazon, Jeff Bezos, sí culminó sus estudios de ciencias de la computación e ingeniería eléctrica en la universidad de Princeton, aunque como los dos casos anteriores, desde su infancia ya había descubierto su pasión por la informática y la tecnología.

Además de haber identificado desde niños cuáles son sus talentos, algo que tienen en común estos tres personajes de fama mundial es su afición por la lectura y que a diario sacan tiempo para meditar.

Larry Page, uno de los creadores de Google, que también es un gran apasionado por la lectura, estudió Ingeniería Informática en la universidad de Michigan y cursó un máster de ciencias Informáticas en la universidad de Stanford.

Warren Buffet, de Berkshire Hathaway, aunque no es muy conocido entre la población joven y tampoco hace parte de la generación actual de emprendedores tecnológicos, ha sido muy influyente en esta industria: estudió en la universidad de Nebraska y luego realizó un master en la escuela de Negocios de Columbia.

No solo ha sido Estados Unidos el origen de los CEO más poderosos de la actualidad, pues el dueño de Alibaba, Daniel Zhang, estudió en la Universidad de Finanzas y Economía de Shanghai en China.

Por otro lado, aunque los hombres son la población predominante en el selecto medio de los CEO más poderosos del mundo, hay ejemplos como el de Indra Nooyi, directora de PepsiCo, que logró abrirse paso hasta llegar a ser reconocida por Forbes como una de las mujeres más poderosas del planeta en los negocios. Ella estudió administración en la universidad de Yale, aunque también cuenta con una maestría en en gestión Pública y privada y fue condecorada con el título de doctora Honoris Causa por la facultad de Derecho del Babson College; también ha recibido menciones especiales de la Universidad de Miami y la Universidad de Warwick.

Conociendo un poco mejor el perfil profesional de cada una de estas personas, se llega a la conclusión de que para abrirse paso en el mundo de la tecnología no es exactamente necesario contar con un título en ingeniería informática o de computación, sino explotar otro tipo de habilidades.

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Ciencia

CHINA APUESTA AL FUTURO: EL TREN BALA SUBMARINO QUE PROMETE REVOLUCIONAR EL TRANSPORTE

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Un proyecto que podría cambiar la ingeniería mundial

China vuelve a sorprender al mundo con uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de la historia moderna: un tren bala submarino que conectará las ciudades de Dalian y Yantai, atravesando el Mar de Bohai a velocidades de hasta 250 kilómetros por hora.

Actualmente, recorrer esta ruta puede tomar entre 6 y 8 horas, dependiendo si se viaja por carretera o ferry. Con esta nueva obra, el trayecto podría reducirse a apenas 40 minutos, transformando por completo la movilidad de pasajeros y mercancías.

El megaproyecto bajo el mar

La obra, conocida como Bohai Strait Tunnel, contempla una inversión estimada entre 220.000 y 300.000 millones de yuanes (decenas de miles de millones de dólares).

El diseño incluirá:

Dos túneles ferroviarios paralelos
Una galería central para emergencias y mantenimiento
Sistemas avanzados de ventilación y evacuación
Monitoreo inteligente en tiempo real
Tecnología de mantenimiento predictivo

El gran reto: ingeniería extrema

El proyecto enfrenta importantes desafíos técnicos debido a la compleja geología marina y la presencia de fallas sísmicas en la zona.

Para garantizar la seguridad, China planea integrar:

Sensores de filtración de agua
Centros de control en tiempo real
Protocolos especiales de rescate
Infraestructura antisísmica avanzada

¿Cuándo estará listo?

Aunque actualmente se encuentra en fase de planificación y evaluación técnica, las autoridades proyectan que el tren submarino podría entrar en operación alrededor del 2035.

Además de revolucionar el transporte, la obra podría generar miles de empleos e impulsar el comercio interno y la exportación.
¿Estamos viendo el futuro del transporte mundial?

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Mundo

Investigan si los viajes espaciales debilitan el sistema inmunitario humano: las estrategias de prevención

Científicos evalúan los riesgos y proponen acciones para preservar la salud de los astronautas. Qué dicen los nuevos estudios

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La humanidad se encuentra en un momento sin precedentes. Los planes de visitar la Luna, establecer estaciones espaciales permanentes e incluso arribar a Marte en la próxima década, ya no pertenecen al reino de la ciencia ficción.

Sin embargo, junto con estas ambiciones extraordinarias surgen riesgos desconocidos y complejos para la salud humana, siendo el sistema inmunitario uno de los más vulnerables.

Para comprender mejor estos efectos, un equipo internacional liderado por el doctor Daniel Winer, del Buck Institute for Research on Aging, en colaboración con la NASA, la Agencia Espacial Europea y otras universidades, ha desarrollado un marco científico integral denominado astroinmunología.

Esta subdisciplina analiza cómo los factores estresantes del espacio alteran la fisiología inmunitaria y explora estrategias para proteger la salud de los astronautas en misiones de larga duración.

“El futuro de la humanidad implicará vivir en el espacio exterior o en mundos distantes para algunas personas. El objetivo principal de establecer esta subespecialidad emergente de la astroinmunología es desarrollar contramedidas para proteger la salud de quienes exploran la vida fuera de la Tierra”, señaló Winer.

El trabajo publicado en Nature Reviews Immunology no se limita a describir los problemas observados durante las misiones espaciales, sino que ofrece una comprensión mecanicista de cómo la microgravedad, la radiación cósmica, los cambios en los patrones de sueño y los factores de estrés fisiológico afectan la función inmunitaria.

Estos estudios aprovechan análisis multiómicos modernos, que incluyen perfiles transcriptómicos, proteómicos y metabolómicos, para delinear los mecanismos celulares y moleculares que explican la disminución de la eficacia del sistema inmunitario en el espacio.

Uno de los hallazgos más críticos es el impacto de la microgravedad en las células inmunitarias. En ausencia de la atracción gravitacional terrestre, los linfocitos T y las células NK presentan una proliferación, diferenciación y capacidad de respuesta reducidas. La desorganización del citoesqueleto altera la señalización y la comunicación intercelular, mientras que la disfunción mitocondrial incrementa la producción de especies reactivas de oxígeno (ERO), que dañan células y tejidos.

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