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Jamal Murray, la estrella del campeón de la NBA que se forjó con entrenamientos extremos en el hielo y la nieve

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En Canadá, su padre lo sometió a extremos métodos para ser lo que es hoy, incluyendo “entrenamientos helados”, practicar kung fu y entender la filosofía oriental. Todo le sirvió para superar obstáculos y consagrarse con Denver Nuggets, hasta una grave lesión en 2021

El base de los Nuggets de Denver Jamal Murray durante la segunda mitad del 4to juego de las Finales de la NBA ante el Heat de Miami, el viernes 9 de junio de 2023, en Miami. (AP Foto/Wilfredo Lee)

Ontario. Canadá. El invierno pega muy duro. Las temperaturas llegan a los 30 grados bajo cero. Pero no hay excusas para el pequeño Jamal. Su padre sabe que es talentoso y que necesita disciplina para sacar lo mejor de su hijo. Y Roger, que es de la vieja guardia, le impone reglas y disciplina. A veces un tanto excesivas. “Vivíamos entrenando, en el gym, en el parque, en el patio de casa, donde fuera que hubiese un obstáculo más. Repetía el manejo de balón en el hielo, corría y hacía flexiones en la nieve, dominadas en un arco, levantaba las hojas que se caían del árbol del jardín de casa sin guantes, intentaba lanzamientos con ojos cerrados y, además, no podía irme del entrenamiento hasta que no metía 30 tiros libres seguidos. Había tarde-noches que me moría de frío, realmente, pero todo eso me daba mayor fortaleza, me convencía mentalmente de que podía hacer las cosas con cualquier obstáculo”. Hoy Jamal Murray recuerda con cariño aquellos esfuerzos extremos que hacía por orden de su padre. Para algunos pueden parecer un exceso para un chico, pero lo cierto es que hoy el canadiense es una estrella de su deporte y agradece aquel “servicio militar” que, al contarlo, nos recuerda a dos películas, mitad a Rocky IV y mitad a Coach Carter, dos icónicos contenidos de entrenamientos exigentes (boxeo y básquet) que se llevaron a la pantalla grande.

Está claro que Roger es especial, por decirlo de alguna forma. Un padre distinto que quería impartir disciplina en su hijo desde muy chico, sabiendo que tenía mucho potencial. “Tenés talento, debés aprovecharlo”, le repetía mientras le daba nuevas misiones. Además del entrenamiento, le hacía ver y leer historias del Templo Shaolin, el más famoso de China, pionero de las artes marciales y la vida espiritual. “Hablábamos de la disciplina que tenían, de la concentración y energía que veía durante las peleas de Kung Fu”, contó Jamal en un mini documental que se hizo sobre su vida hace algunos meses, en Denver.

El pequeño Jamal Murray fue entrenado por un padre exigente

En las películas de esa arte marcial encontró una pasión, quedando fanatizado por los movimientos, luchas y habilidades de los protagonistas. Pero, claro, lo suyo iba más allá de la diversión. “La mejor parte de verlas con mi papá fueron las conversaciones que generaron. ‘¿Ves lo bueno que es su equilibrio?, me acotaba’. Siempre se enfocaba en cosas realmente específicas y todo tenía una lección para mi”, relató. Uno de los grandes referentes era Bruce Lee, en Kung Fu, donde se enfocaba en “su juego de pies, su paciencia. Cómo usa su mente para derrotar al enemigo. El lado mental de las artes marciales es lo que entusiasmó a mi padre y me pasó a mí. Me di cuenta que definitivamente requerían otra concentración y energía”, explicó quien fue la otra gran estrella de los campeones Nuggets, promediando 26.1 puntos, 47% de campo, 40% triples, 7.1 asistencias, 5.7 rebotes y 1.5 robo en los playoffs. Una locura.

El padre siempre buscaba meter el kung fu en las prácticas. “Me ponía una venda en los ojos. Al principio no me gustaba pero me explicó que así se sentía cuando uno no tenía el control. Lanzaba tiros libres a ciegas mientras mi papá agarraba los rebotes y me gritaba cosas al oído para distraerme. Claro que no entraban muchos”, prosiguió. Luego de dejarle tirar con los ojos abiertos, volvía a vendarle los ojos para que repitiera el ejercicio. “Cuanto más lo hacíamos, más cómodo era no tener que depender de mis ojos. Cuando mi papá trataba de distraerme, solo estaba perdiendo el tiempo. Podía ver el aro en mi cabeza”, precisó quien en estas finales fue el factor X, complementando a Nikola Jokic, el mejor del mundo.

Jamal Murray y Nikola Jokic

Casi por decantación, como camino de la filosofía, los Murray le sumó las famosas meditaciones orientales, que Jamal debía realizar diariamente, inhalando, exhalando, escuchando a su corazón y eliminando todo ruido exterior. Un ejercicio que debía realizar luego de cada entrenamiento físico. “Aprender a meditar es uno de mis primeros recuerdos”, reveló en el sitio The Players Tribune. Ya a los cuatro años, su papá lo sentaba en el sillón y buscaba que se quedara quieto mientras le hacía gestos para hacerlo reír o desconcentrarse, mientras el chico debía mantener el control y no reaccionar. “El objetivo no era fingir que no estaba ahí, era despejar mi mente y darme cuenta de todo lo que pasaba a mi alrededor”, contó.

Con el paso del tiempo comenzaron a hacerlo en lugares públicos. “Sentí que estaba desarrollando un músculo especial que nadie podía ver. Sin saberlo estaba entrenando”, agregó. Con el tiempo lo fue llevando a la práctica, cada día más. Sobre todo antes de los partidos. Jamal recuerda puntualmente el día que le sirvió hacerla en la previa de una semifinal en Ontario, cuando metió un triple para empatar el juego y luego de un robo, lo ganó de forma épica con un tiro de casi mitad de cancha. “Mirando hacia atrás, pienso en lo tranquilo que estaba. Mi mente no estaba corriendo. Me sentí concentrado”, precisó.

Para que el pequeño Jamal se enfocara en el plan diario, el padre le desconectaba el TV y le prohibía mirar el celular de su madre, porque está claro que no le iba a comprar uno… A veces, el chico se quejaba no entendía por qué no podía ser un chico normal, pero para el padre, un entrenador vocacional que era asistente en el secundario Orangeville HS al que terminó yendo su hijo, todo tenía un objetivo planeado. Las flexiones y las dominadas eran para sumar fuerza, los lanzamientos con la izquierda para que dominara ambas manos, los tiros sin mirar para sumar equilibrio y fluidez en la técnica, los ejercicios de dribbling en la nieve para controlar la pelota mejor que nadie, sin importar la circunstancia, las meditaciones para agregar calma, concentración y enfoque, las películas de Bruce Lee para entender esa filosofía tan distinta y hasta el juntar hojas sin guantes, en medio de heladas, para aumentar el umbral del dolor. “No sentía las manos, me acostumbré al dolor, pero lograba de alguna manera ignorarlo, como que me engañaba para no sentirlo. Y en eso me ayudó la mentalidad de kung fu, que me terminó convirtiendo en el hombre que soy, en el jugador que soy”, comentó quien nació el 23 de febrero el 97, en Kitchener (Ontario), como el hijo más grande de un padre jamaiquino y de una madre, Sylvia, con descendencia siria.

También le sirvió jugar con chicos más grandes, desde temprana edad. Desde que lanzó el primer tiro, en un aro portátil de plástico marca Fisher-Prince, se notó que era distinto y por eso fue casi inevitable, ya a los seis años, que se midiera con pibes de 10. Y en torneos. Así fue pasando procesos hasta llegar su etapa en una academia de básquet en Ontario que estaba diseñada para preparar a los jugadores en su búsqueda del siguiente nivel. Allí trasladó por primera vez todo lo que había aprendido con su papá y se convirtió rápidamente en el favorito del público.

Su primera gran prueba fue en 2014, cuando tenía 17 años y disputó el prestigioso Nike Hoop Summit. No descolló, totalizó 10 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias, pero esa experiencia lo despertó. Se dio cuenta que todos esos grandes jugadores no eran más que él y de que, si quería, podía superarlos con trabajo duro y confianza. Un año después, Jamal volvió más fuerte y la rompió. Anotó 35 puntos, fue elegido MVP y el Team World logró la victoria ante Team USA (103-101), que contaba con talentos de la calidad de Brandon Ingram y Jaylen Brown, entre otros.

Graffiti de Jamal Murray en Kitchener, su pueblo natal

Murray fue por más y terminó siendo el líder de Canadá en el triunfazo frente a Estados Unidos en las semifinales de los Panamericanos. Jamal anotó 22 puntos en el último cuarto para forzar la prórroga y, una vez allí, hilvanó una sucesión de triples kilométricos que permitieron la hazaña por 80-74. Esa medalla fue la primera de Canadá en 70 años, todo gracias a un pibe de 18 años.

Fue cuando, definitivamente, los ojos estadounidenses se posaron sobre él y tuvo que mudarse a aquel país para jugar en la NCAA. Murray eligió la Universidad de Kentucky, básicamente por su programa y porque lo dirigiría el legendario entrenador John Calipari. Pese a su talento, nada fue fácil porque un duro Calipari cuestionaba, por momentos, sus alocadas decisiones y tiros. Pero, con el paso de las semanas, ambos desarrollaron una química especial y el base terminó aquel año universitario con promedios de 20 puntos, 41% triples y 5.2 rebotes. Tal fue su irrupción que esa media anotadora sigue siendo hasta hoy la más alta de un novato en la historia de la prestigiosa facultad. Su calidad, obviamente, necesitaba dar un salto y la NBA era la única salida posible. Abrió la puerta al profesionalismo en el draft 2016 y el 24 de junio fue seleccionado por los Nuggets en el pick N° 7.

Como cuando llegó a Kentucky, Jamal no pudo hacer pie en sus primeros partidos en la NBA y falló los primeros 17 lanzamientos. Fueron tres semanas devastadoras que intentó finalizar con meditación, intentando encontrar en su mente el equilibrio necesario para rendir en una liga profesional. Inhalando y exhalando encontró la manera de salir del pozo y un día todo volvió a la normalidad. Fue elegido Novato del Mes en noviembre y terminó la temporada 2016/17 con 9.9 puntos, 2.6 rebotes y 2.1 asistencias que sirvieron para demostrar en la NBA.

Su trabajo entre temporadas fue al nivel de disciplina que le exigía el padre de chico. Y en la segunda promedió 16.7 puntos, 3.7 rebotes y 3.4 asistencias. En la tercera ya pasó a ser una figura de la NBA y en la cuarta explotó, siendo esencial en la llegada del equipo a la final del Oeste. No se quedó ahí y luego trepó a 21.1 tantos, 4.8 pases gol y 4 recobres.

Jamal Murray en el suelo luego de lesionarse la rodilla izquierda

Estaba en su mejor momento en abril del 2021, cuando saliendo de contra en una jugada sintió un dolor insoportable en la rodilla izquierda y se dio cuenta de que era algo grave. Así fue nomás: rotura de los ligamentos cruzados. Ni siquiera quiso salir en silla de ruedas… Ya pensaba en sentirse fuerte y volver mejor.

Luego llegaron los momentos duros, el no poder caminar, las dudas si lo iban a canjear, porque era “un material dañado”, como les dijo a los directivos de la franquicia. Pero ellos confiaron en él, no lo cedieron y esperaron su regreso, que llegaría un año y medio después, en octubre del 2022.

Jamal fue de menor a mayor, hasta volver a ser la figura determinante en el éxito del equipo de Mike Malone. En la final ante Miami promedió 21.4 puntos y 10 asistencias, siendo el factor X del triunfo. Y así, 539 días después de aquella durísima lesión, estaba levantando el trofeo de campeón de la NBA. A los 26 años. Un premio a su personalidad, determinación y filosofía de vida. Y a aquellos ejercicios extremos de su padre que, lejos de quemarlo, le templaron el carácter.

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Fútbol con Enfoque

Empieza la Copa Libertadores 2026: el calendario de los partidos de las rondas preliminares y la fecha en que se sorteará la fase de grupos.

El duelo entre The Strongest de Bolivia y Deportivo Táchira de Venezuela dará comienzo a una nueva edición del máximo certamen continental

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Hoy comienza la edición 2026 de la Copa Libertadores con el inicio de la Primera Fase, una instancia que marca el arranque oficial del certamen más importante de clubes en Sudamérica. El primer partido tendrá lugar en La Paz, donde The Strongest recibirá a Deportivo Táchira a las 21:30 horas en el estadio Hernando Siles, con el arbitraje de Paulo Cesar Zanovelli da Silva. Este encuentro abre la serie E1 y el ganador avanzará a la siguiente ronda, en busca de un lugar en la fase de grupos.

La primera semana de acción continúa el miércoles con el duelo entre 2 de Mayo de Paraguay y Alianza Lima de Perú, seguido el jueves por el enfrentamiento entre Juventud de Las Piedras de Uruguay y Universidad Católica de Ecuador. Todos los partidos de este tramo inicial se disputarán a las 21:30 horas, y la próxima semana se jugarán los encuentros de vuelta para definir a los equipos que seguirán en carrera.

En la Fase 1 participan clubes de Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay y Venezuela, federaciones que buscan dejar su huella en el certamen desde el primer día. Argentina no cuenta con representantes en esta instancia preliminar. Los tres equipos que superen la Fase 1 se sumarán a otros 13 que ya tienen su lugar asegurado en la Fase 2, cuyos partidos se disputarán entre el 17 y el 26 de febrero.

La estructura del torneo establece que tras la Fase 2, los ocho ganadores avanzarán a la última etapa previa, la Fase 3, donde se definirán los cuatro equipos que accederán a la fase de grupos. Aquellos clubes que no logren superar la Fase 3 tendrán la oportunidad de disputar la fase de grupos de la Copa Sudamericana.

 

En la fase de grupos de la Libertadores competirán 32 equipos de los diez países sudamericanos, incluidos los campeones vigentes de la Libertadores y la Sudamericana, junto a los que logren avanzar desde las rondas previas. Así se pone en marcha una nueva edición del máximo torneo continental, con el sueño intacto de la “Gloria Eterna”.

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Fútbol con Enfoque

Colombia: Presente brillante y futuro asegurado

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Por: Jimmy Pizarro – EnfoqueNow

La Selección Colombia vive un momento que marca época. En cuestión de días, el fútbol cafetero volvió a demostrar que su talento no es circunstancial, sino estructural, sólido y en crecimiento. Dos victorias recientes —la de la mayor ante México (4-0) y la de la Sub-20 frente a España (3-2) en el Mundial de la categoría— confirman que Colombia tiene presente, identidad y, sobre todo, futuro.

El golpe de autoridad en Arlington

El contundente 4-0 ante México en amistoso FIFA fue mucho más que una victoria. Fue una exhibición de jerarquía, táctica y madurez. Un partido donde el conjunto colombiano impuso ritmo, controló los tiempos y desnudó las carencias de un rival que llegó al encuentro con exceso de confianza.

Durante los días previos, buena parte de la prensa mexicana había minimizado la importancia del duelo y subestimado a Colombia, considerando que el “Tri” no enfrentaba a un rival de peso. Pero el resultado terminó siendo un golpe de realidad al ego mediático mexicano, que ignoró un hecho innegable: Colombia atraviesa uno de los mejores momentos de su historia reciente, habiendo vencido en el último año a potencias como España, Alemania, Brasil y Argentina.

El equipo dirigido por Néstor Lorenzo no solo está clasificado al Mundial de Estados Unidos 2026, sino que terminó tercero en las Eliminatorias Sudamericanas, con un rendimiento que respalda la coherencia de su proceso.

En el terreno de juego, nombres como Luis Díaz, James Rodríguez, Jefferson Lerma, Richard Ríos y, muy especialmente, Daniel Muñoz —quien hoy es considerado por muchos analistas internacionales como el mejor lateral derecho del mundo—, simbolizan la madurez futbolística de una generación que combina talento con disciplina, identidad y compromiso.

La Sub-20, espejo del futuro

Al mismo tiempo, el triunfo 3-2 sobre España en el Mundial Sub-20 elevó aún más el ánimo nacional. Un partido épico, cargado de intensidad y carácter, que tuvo como figura estelar a Neiser Villarreal, autor de los tres goles que sellaron el pase de Colombia a las semifinales, donde enfrentará a la poderosa Argentina.

El talento emergente de jugadores como Rentería, Barrera y Cachimbo demuestra que el proceso formativo del fútbol colombiano está dando frutos de altísima calidad. Esta generación juvenil no solo representa el futuro: es el reflejo de una mentalidad nueva, más competitiva y más ambiciosa.

Colombia, potencia silenciosa

En una era donde los reflectores suelen apuntar a las grandes potencias tradicionales, Colombia se ha ganado respeto en silencio. Su fútbol ya no es solo vistoso o técnico: es estratégico, maduro y eficaz. La victoria ante México y la clasificación de la Sub-20 son más que resultados; son una declaración de identidad.

El país cafetero combina experiencia, juventud y convicción. Y mientras algunos aún la miran por encima del hombro, Colombia sigue sumando triunfos, mostrando evolución y consolidándose como una de las selecciones más completas y consistentes del continente. En un panorama global cada vez más competitivo,aunque hay que continuar con los pies  en la tierra , pensando en que los títulos se ganan partido tras partido , pero esta actualidad nos dice que  Colombia no solo sueña: ya está lista para hacer historia.

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