Desde el barrio de Anapra, en Ciudad Juárez, se puede ver claramente los jardines maquillados de las casas de El Paso y por las tardes los autobuses amarillos que van dejando los chicos que regresan de la escuela. El contraste es tan grande que algunos lo toman como una atracción turística y se cuelgan de los alambrados y observan la escena más allá del río Bravo, que en esta zona es apenas un chorro de agua. Si se sube a los cerros que rodean esta ciudad mexicana, se puede ver un conglomerado de casi tres millones de personas en un conjunto con los que viven del lado estadounidense. Es un centro comercial y social extraordinario, con una vida exultante, donde las aduanas son apenas un accidente de la legalidad. Epicentro de la gran tragedia humanitaria de fines del siglo pasado y las primeras dos décadas de este XXI: la migración, el desplazamiento de los más pobres, los más necesitados.
En Juárez/El Paso se vivieron cientos de crisis migratorias con miles de personas tratando de alcanzar Estados Unidos. Pero en los últimos meses, todo se agravó. Las restricciones de la Era Trump, el Covid, las persecuciones políticas en Centroamérica, la permanente crisis venezolana y dos años de inútiles peleas entre demócratas y republicanos en Washington dejaron a decenas de miles de personas tiradas en las calles con hambre y frío. Por dos años, el presidente Biden hizo oído sordo a lo que estaba aconteciendo allí mientras sus rivales le ponían una trampa política tras otra. Con el fin del año, estalló nuevamente la crisis humanitaria con miles que llegaron a la frontera a la espera de que la justicia estadounidense levantara las restricciones impuestas con la excusa de la pandemia. Intervino la Corte Suprema que, por ahora, detuvo todo y dejó a la gente en un limbo peligroso. Finalmente, Biden va a enfrentar al toro desbocado con un viaje a la frontera este fin de semana y otro a la Ciudad de México para tratar este tema y la otra gran crisis, la del fentanilo que está matando estadounidenses como moscas, con el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el premier canadiense Justin Trudeau.
Como ofrenda hacia Washington, el gobierno mexicano volvió a echar mano de la diplomacia oportunista de atrapar a algún conocido narcotraficante coincidiendo con la visita del presidente estadounidense de turno. El ex presidente Vicente Fox y el gobernador de Jalisco, David Alfaron, hablaron en las redes sociales directamente de “un regalo de bienvenida para Biden”. López Obrador ya había recurrido a la misma estrategia cuando visitó a Biden en Washington en julio pasado. Dos días después apareció capturado el veterano narcotraficante Rafael Caro Quintero, responsable del asesinato del agente de la DEA en 1985, Kiki Camarena, que había sido la espina más aguda en la relación estadounidense mexicana desde entonces.
En el año fiscal que finalizó en septiembre de 2022 se registró un récord absoluto con 2.150.000 detenidos en la frontera que intentaban cruzar en forma ilegal. Un aumento del 24% con respecto al año anterior y se prevé que cuando lleguen las cifras de este año serán exorbitantes. Este dato marca apenas el 10% de los que entran a Estados Unidos por la frontera de México. El resto no es detectado. Las raíces del incremento se pueden encontrar en los desastres ambientales y los problemas económicos en El Salvador, Honduras y Guatemala. Y los problemas económicos agravados por la represión política en Cuba, Nicaragua y Venezuela. A esto hay que sumarle el llamado Título 42, una ley de Donald Trump que originalmente tenía como objetivo prevenir la propagación de la Covid-19 en las instalaciones de detención de migrantes y que después se mantuvo para evitar más traspasos. Permite que los refugiados puedan llegar a la aduana fronteriza, pedir asilo y esperar la decisión de las autoridades. La mayoría son rechazados y lo vuelven a intentar varias veces. Los gobernadores republicanos de Texas, Florida y Arizona hicieron el resto cuando subieron a centenares de inmigrantes a autobuses y aviones y los mandaron ilegalmente a estados demócratas del noreste.
El Título 42 debía expirar el 21 de diciembre, pero la Corte Suprema lo dejó en suspenso. El presidente del máximo tribunal, el juez John Roberts, bloqueó temporalmente su fin en espera de un fallo sobre un recurso de emergencia presentado por los estados gobernados por republicanos que piden que la política permanezca vigente. Los demócratas no saben cómo reparar este sistema “roto”. El alcalde de El Paso, Oscar Leeser, declaró el estado de emergencia después de que todos los centros de acogida de su ciudad colapsaran.
La ley es ambigua y confunde a los inmigrantes que se mueven por rumores de que van a abrir o cerrar las fronteras y aumentar o disminuir las expulsiones. El mes pasado, el 29% de todas las personas que cruzaron la frontera fueron expulsadas en virtud del Título 42, mientras que la gran mayoría procedía de una larga lista de países -como Colombia, Cuba, India, Nicaragua y Rusia – a los que no se aplica esa ley. En otros miles de casos, se permitió a los migrantes entrar en Estados Unidos porque viajaban con niños o reunían los requisitos para alguna otra forma de protección.
Nada de todo esto, por supuesto, detiene a los que buscan una mejor vida para ellos y sus familias. A mediados de diciembre, la patrulla fronteriza procesó la entrada de casi 3.000 personas por día en el puente internacional Paso del Norte. Por la calle Cobre, del lado mexicano hay una cola de cuadras y cuadras de gente muerta de frío (centroamericanos no acostumbrados a estas temperaturas tan bajas) que no para de crecer. Hay más de 20.000 personas esperando el cambio en la política de migración desde Washington. Cuando el hambre arrecie, van a cruzar de cualquier manera.
El otro gran tema de la agenda de Biden en su viaje a la frontera y la capital mexicana es el del fentanilo, la droga de moda que viene desde México y está provocando estragos en su país. En los últimos meses la DEA, la agencia antidrogas estadounidense, incautó más de 10 millones de pastillas. En octubre, en una sola incautación en el aeropuerto de Los Angeles se descubrieron unas 12.000 píldoras empaquetadas en populares cajas de dulces. El fentanilo es un opioide sintético 50 veces más potente que la heroína, y hasta 100 veces más potente que la morfina. Solo dos miligramos de fentanilo, algo así como lo que le ponemos de sal a una ensalada, se considera una dosis letal. En 2021 se registraron 107.622 muertos por sobredosis en Estados Unidos, el 66% por el fentanilo. Y esa cifra sube casi hasta el 80% en el caso de los adolescentes. Una variedad de pastillas de la droga presentada en vivos colores y denominada “arco-iris”, de acuerdo a una investigación del New York Times, está haciendo estragos entre chicos de 13 a 15 años. La situación es tan grave que el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles anunció que estaba equipando a las enfermerías de sus escuelas con dosis de naloxona, un fármaco utilizado para revertir temporalmente los efectos de las sobredosis de drogas opiáceas, incluidas las del fentanilo.
Los dos temas estarán en la mesa, cuando López Obrador reciba a sus vecinos del norte. Biden llegará con su nueva propuesta de recibir unos 30.000 inmigrantes por mes procedentes de Venezuela, Cuba, Haití y Nicaragua para aliviar un poco la situación. Pero no va a haber mayores concesiones de paso en la frontera para el resto y los mexicanos tendrán que lidiar con la ola de refugiados que cruzan el país para llegar a Estados Unidos. Lo del fentanilo tiene raíces aún más profundas en los carteles mexicanos que encontraron en esta droga sintética mayores ganancias que la siempre lucrativa cocaína. Ovidio “el ratón” Guzmán era el rey del fentanilo. Es probable que durante la estadía de Biden en el DF se anuncie la extradición del hijo de El Chapo. Otro capo narco para una cárcel estadounidense pero que no resuelve mucho. Sus hermanos seguirán mandando el veneno sin importarles mucho que haya una frontera en el medio.
Enfoque Now es una plataforma digital dedicada a conectar e informar a la comunidad latina acerca de los acontecimientos que suceden a nivel local e internacional.
OMS pide llevar «Una Salud» a la práctica con cooperación e inversión
Tras el Congreso Mundial de Una Salud en Lisboa, la OMS y sus socios destacan la coordinación entre salud humana, animal y ambiental y el reto de financiar su aplicación.
La salud de las personas, los animales y el medioambiente debe abordarse de manera coordinada para convertir los compromisos internacionales en medidas concretas. Ese fue el mensaje que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras tres entidades destacaron en un balance publicado el 22 de septiembre de 2026 sobre el noveno Congreso Mundial de Una Salud.
El encuentro se celebró en Lisboa, Portugal, del 4 al 7 de septiembre. Participaron más de 1.300 investigadores, responsables de políticas y profesionales, según la OMS. Junto a la agencia sanitaria estuvieron la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).
¿Qué significa «Una Salud»?
El enfoque reconoce que la salud humana está conectada con la de los animales, las plantas y los ecosistemas. En la práctica, propone que los sectores de salud pública, veterinaria, agricultura y medioambiente compartan información y coordinen sus respuestas ante riesgos que atraviesan esas fronteras.
Durante el congreso, representantes de Malawi, Singapur y Uzbekistán describieron cómo adaptan a sus circunstancias nacionales el Plan de Acción Conjunto sobre Una Salud. La OMS indicó que los participantes examinaron tanto los obstáculos para aplicarlo como las condiciones que facilitan la cooperación entre sectores.
El debate también abordó la financiación: las organizaciones analizaron cómo demostrar el valor de invertir en prevención y cómo movilizar recursos sostenibles. Un grupo internacional de expertos presentó diez recomendaciones para superar barreras de implementación. El comunicado resume esas discusiones; no anuncia un nuevo fondo ni compromisos financieros concretos.
El próximo reto será traducir las propuestas en coordinación y recursos dentro de cada país. La explicación de la OMS sobre Una Salud ofrece más contexto sobre el alcance de este modelo.
Imagen ilustrativa: diagrama de Thddbfk, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0, sin cambios; etiquetas originales en inglés.
El regreso de James Rodríguez al fútbol colombiano volvió a convertirse en uno de los grandes acontecimientos deportivos para los aficionados del país.
El mediocampista colombiano debutó oficialmente con Atlético Nacional y tuvo participación decisiva en el encuentro frente a Internacional de Bogotá, aportando una asistencia que contribuyó a la victoria de su equipo.
El regreso del jugador al campeonato colombiano representa también el reencuentro de una de las figuras más reconocidas de la selección nacional con la afición local.
James vuelve al escenario donde comenzó su trayectoria profesional antes de construir una carrera internacional que lo llevó por importantes clubes de Europa y otros mercados del fútbol mundial.
Su actuación en este regreso generó gran expectativa entre los seguidores de Atlético Nacional y del fútbol colombiano, que estarán atentos a su evolución durante la temporada.