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Cambio climático convirtió a Ida en uno de los huracanes más violentos

El aumento de la temperatura de las aguas hace que este tipo de tormentas sean cada vez más recurrentes y dañinas.

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Desde su nacimiento, la tormenta estaba destinada a convertirse en un monstruo. Se formó a partir de un aire caliente, húmedo y lleno de nubes. Se incubó en el Golfo de México, extrayendo su fuerza de un agua que estaba más cálida que lo normal.

Cuando el huracán Ida tocó tierra en Port Fourchon, Luisiana, el domingo, fue el perfecto ejemplo de un desastre provocado por el cambio climático. La feroz tormenta, de rápido crecimiento, trajo vientos de 240 kilómetros por hora, lluvias torrenciales y algo más de dos metros de marea de tormenta a la parte más vulnerable de la costa de Estados Unidos. Así, entra en la competencia por ser la tormenta más poderosa que jamás haya azotado el Estado.

Aunque Ida se redujo a “depresión tropical” el lunes, sigue siendo una gran amenaza en su camino hacia el sureste. Las fuertes lluvias podrían provocar inundaciones repentinas desde el Misisipi hasta los Apalaches, incluso en zonas donde los suelos ya están saturados por un verano inusualmente húmedo.

“Este es exactamente el tipo de cosas a las que vamos a tener que acostumbrarnos a medida que el planeta se calienta”, dijo Kerry Emanuel, un científico atmosférico del Instituto Tecnológico de Massachusetts que estudia la física de los huracanes y su conexión con el clima.

Según el último informe de las Naciones Unidas sobre el clima, es probable que el calentamiento provocado por el uso de combustibles fósiles y otras actividades humanas esté detrás del aumento del número de huracanes de gran intensidad que se experimentó en los últimos 40 años.

El huracán Ida es la última tormenta que ha azotado a Estados Unidos este verano. La tormenta tropical Henri se debilitó mientras inundaba las comunidades costeras de Nueva Inglaterra a principios de este mes, pero aún así dejó sin electricidad a más de 120.000 hogares en tres estados y arrojó un récord de 5 centímetros de lluvia en la ciudad de Nueva York en sólo una hora.

Y la temporada de huracanes está lejos de terminar, ya que otros cinco ciclones tropicales están barriendo el Océano Atlántico. Pero por ahora, todos los ojos están puestos en Ida.

Los científicos se habían preparado para lo peor desde el momento en que los meteorólogos identificaron la formación de una depresión tropical la semana pasada. El Golfo de México en agosto es siempre un foco de formación de huracanes. “En esta época del año, es como el agua de la bañera”, dijo Brian Tang, un científico atmosférico de la Universidad de Albany en Nueva York.

Últimamente, las condiciones en el océano han sido excepcionalmente malas. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, algunas partes del Golfo tienen hasta 2 grados más que la media de finales del siglo XX. Las investigaciones demuestran que las emisiones humanas de gases de efecto invernadero han hecho que el océano se caliente más rápido en los últimos años que en cualquier otro momento desde el final de la última era glacial.

Toda esta agua caliente es para los huracanes lo que la gasolina es para el motor de un coche, dijo Tang. Una poderosa tormenta toma la energía del océano y la convierte en nubes y vientos.

Al desarrollarse, Ida se desplazó por las zonas más cálidas del golfo, absorbiendo energía para alimentar su rápido crecimiento. Sin que los vientos de la atmósfera superior pudieran perturbarlo, el anillo de tormentas que rodeaba el centro del huracán -llamado pared ocular- empezó a agitarse cada vez más rápido.

Y lo que es peor, la temperatura de la superficie del mar aumentó a medida que el huracán se acercaba a la costa. “Eso es realmente como pisar el acelerador”, dijo Tang.

Apenas 24 horas después de ser identificada como una depresión tropical sin nombre en el Caribe, el jueves, sus vientos alcanzaron los 120 kilómetros por hora, lo suficiente para que la tormenta fuera elevada a huracán. El sábado por la noche, los vientos alcanzaron los 170 kilómetros por hora, convirtiendo a Ida en una tormenta de categoría 2.

Kimberly Wood, científica atmosférica de la Universidad del Estado de Misisipi, se fue a la cama con una sensación de malestar en sus entrañas.

Se despertó el domingo con los informes del Centro Nacional de Huracanes que indicaban que los vientos máximos eran de 240 kilómetros por hora. Pensó en toda la gente que no tendría tiempo de evacuar ante la repentina escalada.

Volvió a mirar las imágenes de satélite que mostraban lo que los científicos llaman una tormenta “bien organizada”. Wood deseaba que la terminología científica no sonara tanto como un cumplido. “Suena como si lo estuviéramos animando, pero no es así”, dijo. “Me siento mal del estómago”.

Emanuel, del MIT, califica esta rápida intensificación como el “canario en la mina” -técnica que se usaba en el siglo XX para detectar gases tóxicos en las minas antes de que infecten a los humanos- del cambio climático. Las condiciones más cálidas aumentan la “intensidad potencial” de las tormentas, es decir, la gravedad que pueden alcanzar si nada las perturba. El cambio climático también ha ampliado la disparidad entre la cantidad de calor en el océano y la cantidad de humedad que la atmósfera puede retener, lo que acelera el proceso de evaporación y transferencia de energía.

“Las cosas suceden más rápido”, dijo. “Se está llegando a una mayor velocidad, y se tarda menos en llegar a ella”.

En un artículo de 2017 publicado en el Boletín de la Sociedad Meteorológica Americana, Emanuel descubrió que los eventos de intensificación de una vez por siglo -en los que la velocidad del viento se acelera alrededor de 110 kilómetros por hora en solo 24 horas- podrían ocurrir cada 5 o 10 años para 2100. El calentamiento provocado por el ser humano podría conducir a una escalada de huracanes nunca vista, provocando un aumento inaudito de la velocidad del viento de 160 kilómetros por hora o más.

El cambio climático no sólo prepara el terreno para tormentas más grandes, feroces y rápidas, sino que también hace que el aspecto más mortífero de los huracanes -un diluvio de agua- sea aún más intenso. Por cada grado centígrado que el aire se calienta, es capaz de retener un 7% más de humedad. Esto hace que las precipitaciones sean exponencialmente más intensas durante las tormentas.

Las lluvias del huracán Harvey, que azotó Houston en 2017, empeoraron al menos un 15% por el calentamiento provocado por el hombre. Emanuel ha constatado que eventos como este podrían ser seis veces más frecuentes a finales de siglo.

“Sí, seguro que esto es el cambio climático», dijo Wood. “Las aguas sobrecalentadas y la cantidad de humedad en el aire van a aumentar a medida que el clima se caliente”.

Las lluvias torrenciales pueden empeorar los efectos de los huracanes incluso cuando el viento no es muy fuerte. Wood señaló que el huracán Henri se había convertido en una tormenta tropical cuando tocó tierra en Rhode Island, pero sus lluvias torrenciales provocaron inundaciones generalizadas.

En un pequeño golpe de suerte para los residentes de la costa de Luisiana y Misisipi, no se espera que el huracán Ida disminuya significativamente su velocidad a medida que se desplaza por la tierra, un comportamiento que hizo que las lluvias de Harvey y Henri fueran especialmente extremas. Pero los meteorólogos siguen pronosticando hasta 50 centímetros de lluvia para las zonas en el trayecto de Ida.

El aumento del nivel del mar vinculado al calentamiento global también exacerbará el efecto de la tormenta. Pocos lugares de Estados Unidos han sufrido más la subida de las aguas como Luisiana, donde el mar está en algunas zonas 60 centímetros por encima de su nivel de 1950. Esto se debe en parte al desarrollo que ha erosionado la costa y ha provocado el hundimiento de la tierra. Pero se agrava por el derretimiento de los glaciares lejanos y el hecho de que el agua de los océanos se expande al calentarse.

Cuanto más alto sea el nivel de base del mar, más agua será empujada hacia la costa por el viento durante los huracanes.

Wood instó a los residentes a no subestimar el poder potencial de toda esta agua. Sólo 15 centímetros de agua en movimiento pueden tirar al suelo a un adulto sano. 60 centímetros son suficientes para hacer flotar un coche, arrastrando el vehículo y a cualquier persona que se encuentre en su interior.

Un estudio de 2014 en el Boletín de la Sociedad Meteorológica Americana encontró que el 76% de las muertes por huracanes entre 1963 y 2012 fueron causadas por mareas de tormenta o inundaciones. “Los que se refugian en la costa van a salir bastante mal parados de esto”, dijo Wood.

En una época en la que el cambio climático ha subido el listón de lo malos que pueden llegar a ser los huracanes, dijo Emanuel, el huracán Ida es un indicio de lo que puede ocurrir cuando una tormenta alcanza su “máximo potencial”.

Envalentonado por el agua caliente, sin obstáculos por las formas de tierra o los vientos perturbadores, Ida surgió en tierra el domingo con una fuerza abrumadora. Las enormes olas arrancaron las embarcaciones de sus amarres y amenazaron con arrastrar a la gente al mar. Los árboles se derrumbaron y los tejados salieron volando en medio de brutales ráfagas de viento.

Las condiciones eran demasiado peligrosas para intentar las operaciones de rescate, por lo que las autoridades rogaron a los habitantes de las zonas inundadas que permanecieran en sus casas y esperaran a que pasara la tormenta. Este monstruo no podía ser combatido ni superado. Mientras la noche caía sobre Luisiana e Ida se adentraba en el interior, todo lo que la gente podía hacer era aguantar.

(C) The Washington Post.-

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OMS pide llevar «Una Salud» a la práctica con cooperación e inversión

Tras el Congreso Mundial de Una Salud en Lisboa, la OMS y sus socios destacan la coordinación entre salud humana, animal y ambiental y el reto de financiar su aplicación.

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Por Jimmy Pizarro | EnfoqueNow

La salud de las personas, los animales y el medioambiente debe abordarse de manera coordinada para convertir los compromisos internacionales en medidas concretas. Ese fue el mensaje que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras tres entidades destacaron en un balance publicado el 22 de septiembre de 2026 sobre el noveno Congreso Mundial de Una Salud.

El encuentro se celebró en Lisboa, Portugal, del 4 al 7 de septiembre. Participaron más de 1.300 investigadores, responsables de políticas y profesionales, según la OMS. Junto a la agencia sanitaria estuvieron la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).

¿Qué significa «Una Salud»?

El enfoque reconoce que la salud humana está conectada con la de los animales, las plantas y los ecosistemas. En la práctica, propone que los sectores de salud pública, veterinaria, agricultura y medioambiente compartan información y coordinen sus respuestas ante riesgos que atraviesan esas fronteras.

Durante el congreso, representantes de Malawi, Singapur y Uzbekistán describieron cómo adaptan a sus circunstancias nacionales el Plan de Acción Conjunto sobre Una Salud. La OMS indicó que los participantes examinaron tanto los obstáculos para aplicarlo como las condiciones que facilitan la cooperación entre sectores.

El debate también abordó la financiación: las organizaciones analizaron cómo demostrar el valor de invertir en prevención y cómo movilizar recursos sostenibles. Un grupo internacional de expertos presentó diez recomendaciones para superar barreras de implementación. El comunicado resume esas discusiones; no anuncia un nuevo fondo ni compromisos financieros concretos.

El próximo reto será traducir las propuestas en coordinación y recursos dentro de cada país. La explicación de la OMS sobre Una Salud ofrece más contexto sobre el alcance de este modelo.

Imagen ilustrativa: diagrama de Thddbfk, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0, sin cambios; etiquetas originales en inglés.

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James Rodríguez regresa al fútbol colombiano y debuta con asistencia para Atlético Nacional

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El regreso de James Rodríguez al fútbol colombiano volvió a convertirse en uno de los grandes acontecimientos deportivos para los aficionados del país.

El mediocampista colombiano debutó oficialmente con Atlético Nacional y tuvo participación decisiva en el encuentro frente a Internacional de Bogotá, aportando una asistencia que contribuyó a la victoria de su equipo.

El regreso del jugador al campeonato colombiano representa también el reencuentro de una de las figuras más reconocidas de la selección nacional con la afición local.

James vuelve al escenario donde comenzó su trayectoria profesional antes de construir una carrera internacional que lo llevó por importantes clubes de Europa y otros mercados del fútbol mundial.

Su actuación en este regreso generó gran expectativa entre los seguidores de Atlético Nacional y del fútbol colombiano, que estarán atentos a su evolución durante la temporada.

Por: Jimmy Pizarro | EnfoqueNow – DigitalNews

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